{"id":893,"date":"2020-10-28T14:54:46","date_gmt":"2020-10-28T17:54:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.usp.br\/cje\/alterjor\/?p=893"},"modified":"2020-10-28T14:58:08","modified_gmt":"2020-10-28T17:58:08","slug":"sobre-la-inmortalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/?p=893","title":{"rendered":"SOBRE LA INMORTALIDAD"},"content":{"rendered":"<p>Por Mauro Baptista Vedia.<\/p>\n<div class=\"wp-block-columns\">\n<div class=\"wp-block-column\">\n<div class=\"wp-block-group\">\n<div class=\"wp-block-group__inner-container\">\n<blockquote>\n<p class=\"has-drop-cap\"><em>\u201cAntunes morreu.\u201d<\/em><br \/>\n<em>\u201cComo?\u201d<\/em><br \/>\n<em>\u201cMorreu. Ontem de madrugada. O vel\u00f3rio ser\u00e1 no teatro\u201d<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Le\u00ed el mensaje de una amiga, bien temprano, cuando me despert\u00e9 para ir al ba\u00f1o. Me acost\u00e9 para dormir algo m\u00e1s. \u201c<em>Tendr\u00eda que ir al velorio<\/em>\u201d, me dije. Pensaba en la muerte y en Antunes Filho, en sus \u00faltimos d\u00edas en el hospital. La muerte es el fin total y absoluto? Cuando morimos se termina todo? Existe la inmortalidad? Esas eran las preguntas que me hac\u00eda.<\/p>\n<p>Siempre fui ateo. Ni siquiera fui bautizado; mis padres votaban al Partido Comunista. Durante mi infancia y mi adolescencia, proclamaba mi ate\u00edsmo con orgullo. Yo era ateo, hincha de Pe\u00f1arol, de izquierda, fan\u00e1tico del cine y del f\u00fatbol. Esas fueron las creencias que me impusieron mis padres. No me quejo. Marcar rumbos es la funci\u00f3n de los padres. En la adolescencia me interes\u00e9 bastante por las religiones orientales, pero mis iniciativas quedaban en lo intelectual, fuera de la experiencia. Le\u00eda libros, m\u00e1s nada. Tampoco se pod\u00eda hacer mucho. Eran tiempos de la dictadura militar.<\/p>\n<p>A los veinte me fui a Brasil. Hice cosas, muchas, demasiadas, fren\u00e9ticamente. Y segu\u00ed siendo ateo. Hasta que, pasado los cuarenta a\u00f1os, estuve al borde de la muerte y tuve pruebas concretas de que exist\u00eda algo m\u00e1s all\u00e1 de la materia. La ca\u00edda fue estrepitosa; recomenc\u00e9 de cero. Fui durante dos d\u00e9cadas materialista en un pa\u00eds como Brasil,\u00a0 naturalmente religioso y espiritual. Yo era un neur\u00f3tico racionalista en la tierra de la irracionalidad y de la perversidad, seg\u00fan un sicoanalista que frecuent\u00e9:<\/p>\n<p>\u201c<em>Voc\u00ea sair na rua em S\u00e3o Paulo j\u00e1 est\u00e1 em terapia permanente<\/em>\u201d, dec\u00eda.<\/p>\n<p>Era un materialista apegado exclusivamente a lo mental e intelectual en la tierra del \u00e9xtasis, la inconstancia y la metamorfosis.<\/p>\n<blockquote><p>\u00a0\u201c<em>Antunes morreu\u201d.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Pens\u00e9 de nuevo en la frase de mi amiga actriz. Me tap\u00e9 con el edred\u00f3n. Sent\u00ed un vac\u00edo en el pecho, tristeza, pesar. Por qu\u00e9 la noticia me afectaba tanto? Conoc\u00eda superficialmente a Antunes. Nos salud\u00e1bamos con cordialidad cuando nos cruz\u00e1bamos en un teatro, nada m\u00e1s. Sin embargo, la frase de mi amiga resonaba en mi mente, sin explicaci\u00f3n. Intent\u00e9 dormir. Nada. Me levant\u00e9 de la cama a eso de las nueve. Era jueves. Tom\u00e9 el remedio para la tiroides; fui al ba\u00f1o y despu\u00e9s a la cocina; tom\u00e9 dos\u00a0 vasos de agua; me vest\u00ed r\u00e1pido; agarr\u00e9 la mochila, tom\u00e9 el ascensor y baj\u00e9 al garaje. Hice todo en el piloto autom\u00e1tico que proporciona la rutina, con la somnolencia previa al caf\u00e9 expreso que tomaba en la cantina del club.<\/p>\n<p>Martes y jueves eran los d\u00edas de las clases de estiramiento, de hacer bicicleta aer\u00f3bica o\u00a0<em>\u201ctransport\u201d<\/em>; eran d\u00edas de la gloriosa sauna, de la ducha fuerte y caliente. Me percat\u00e9 que esas dos ma\u00f1anas, dedicadas a cuidar mi salud, en realidad eran dedicadas a combatir la muerte; a prolongar la vida. Como justificar, sino, que dedicase tanto tiempo a actividades que siempre me hab\u00edan parecido aburridas. Bienvenida la madurez y el aceptar que me quedaban\u2026 tal vez\u2026 posiblemente\u2026. digamos que\u2026. menos a\u00f1os de vida que los que hab\u00eda vivido. Claro que no me olvidaba del ejemplo de la viejita de Titanic o de Olivia de Havilland y sus 104 a\u00f1os, pero eso era Hollywood y su m\u00e1quina de sue\u00f1os. Pensar que ayer, ten\u00eda veinticuatro a\u00f1os y una vida por delante. <em>\u201cOntem, yesterday\u201d<\/em>. Bueno, no exactamente ayer\u2026 ayer\u2026 pero casi. Pensar que, antes de ayer, yo ve\u00eda jugar a Morena en el Estadio.\u00a0 \u201c<em>Nostalgia rioplatense\u2026 al\u00e9jate de m\u00ed<\/em>\u201d, mascull\u00e9 y empec\u00e9 a tararear bajito <em>\u201cRealce\u201d<\/em>, la canci\u00f3n de Gilberto Gil.<\/p>\n<p>Los martes y jueves\u00a0 eran tambi\u00e9n los d\u00edas que aprovechaba para charlar en el idioma de la reina Elizabeth, con Freddie, antiguo socio que vive en Brasil hace cincuenta a\u00f1os; un ingl\u00e9s macarr\u00f3nico, digno de un cantante de \u00f3pera italiano; eran los d\u00edas que hablaba algo en castellano con la profesora argentina de tenis, siempre con un libro entre manos. Martes y jueves eran tambi\u00e9n los d\u00edas en que algunos socios insist\u00edan en hablar de pol\u00edtica, por m\u00e1s que\u00a0 quisiera zafar. Cuando yo ten\u00eda veinte, treinta a\u00f1os, discut\u00eda de pol\u00edtica todo el tiempo. Ahora, <em>too old to rock and roll and too young to die,<\/em> recordando la canci\u00f3n de de Jethro Tull, yo apenas quer\u00eda hacer gimnasia, tomar algo de sol y disfrutar cada d\u00eda. Y que mi cuerpo doliese menos.<\/p>\n<p>Sal\u00ed al garaje y fui en direcci\u00f3n de mi auto. Eran poco m\u00e1s de nueve y media de la ma\u00f1ana. Prend\u00ed el auto, puse la direcci\u00f3n del club en el aplicativo Waze; este me avis\u00f3 que si sal\u00eda con el auto, me multaban. Al ser jueves, mi d\u00eda del racionamiento, ten\u00eda que esperar hasta las diez. Aclaro: en Sao Paulo, de lunes a jueves hay racionamiento de veh\u00edculos por el n\u00famero final de la chapa: un d\u00eda a la semana no se puede usar el auto entre siete y diez de la ma\u00f1ana y entre cinco y ocho de la noche. Conclu\u00ed que era mejor ir en Uber y volver en subte. Llam\u00e9 al Uber. Mientras ve\u00eda los gr\u00e1ficos del aplicativo (un autito se acercaba),\u00a0 sent\u00ed una puntada en la rodilla derecha. No me sorprendi\u00f3. Respir\u00e9 hondo y pens\u00e9 en todas partes del cuerpo que me dol\u00edan en ese preciso instante: rodilla derecha, zona lumbar, una puntada de ci\u00e1tica en la pierna izquierda, los trapecios, la nuca\u2026 Qu\u00e9 m\u00e1s? Ah, s\u00ed, me hab\u00eda olvidado del dedo gordo del p\u00ede derecho que me ten\u00eda que operar; cirug\u00eda que postergu\u00e9 en raz\u00f3n del Covid-19. El dedo estaba tranquilo, esperando, agazapado, para atacar en cualquier momento.<\/p>\n<p><em>\u201cDespu\u00e9s de cierta edad, si no te duele nada, est\u00e1s muerto,\u201d<\/em> me dijo una vez un m\u00e9dium en un centro esp\u00edrita.\u00a0 \u201c<em>S\u00f3lo que no lo sabes. Est\u00e1s muerto y circulas por ah\u00ed, entre los vivos\u201d,<\/em> agreg\u00f3, con voz ronca, aguardentosa.<\/p>\n<p>Los dolores persistentes indicaban que yo estaba vivo. Entr\u00e9 en el Uber.\u00a0 Dos frases cortas de presentaci\u00f3n y cero di\u00e1logo con el chofer: el nuevo mundo. \u201c<em>Voy al velorio?\u201d, <\/em>pens\u00e9.<em> \u201cEspero que, por lo menos en esta ocasi\u00f3n, la gente no aproveche para\u00a0 hacer contactos, hablar de proyectos\u201d.<\/em> En estas situaciones f\u00fanebres, llenas de gente, uno oscila entre mostrar una cierta formalidad y rigidez, emocional y f\u00edsica; ser f\u00fatil y sociable; o tom\u00e1rselo demasiado en serio y sufrir demasiado. Yo, en general, en mi pasado de ate\u00edsmo fan\u00e1tico, oscilaba entre la primera y la tercera postura, con tendencia a derrapar para la tercera. Dicen que Vinicius de Moraes se pon\u00eda a llorar, de la nada, en el medio de la calle, cuando se cruzaba con un amigo y este le comentaba algo que lo emocionaba. As\u00ed era yo. O todav\u00eda soy? No. No m\u00e1s. Desde hace unos a\u00f1os, desde que creo en algo m\u00e1s, me dije a m\u00ed mismo, acepto mejor la idea de la muerte y hago menos papelones.<\/p>\n<p>El Uber subi\u00f3 la avenida Rebou\u00e7as y empez\u00f3 a descender por la avenida Consolaci\u00f3n. Como habitualmente, el transito se tranc\u00f3. Demoramos unos minutos hasta que pasamos por el local del accidente. Era un <em>motoboy. <\/em>Estaba tirado en el piso, no se mov\u00eda. Una ambulancia lleg\u00f3. Desvi\u00e9 mis ojos de la escena. Sobrevivir\u00eda el <em>motobo<\/em>y? Mientras escribo esto leo que en Sao Paulo mueren casi cuatrocientos motociclistas por a\u00f1o; en Brasil, m\u00e1s de 11.000.<\/p>\n<p>En estas tierras tropicales, la inmensa mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n cree en otras vida: en la reencarnaci\u00f3n, en el cielo, en el para\u00edso, en los seres de la floresta, etc. <em>\u201cAcredita\u201d<\/em>. Cree, en suma, en la inmortalidad: cree en una idea vasta, sincr\u00e9tica y mutante de inmortalidad. Para los brasile\u00f1os, la cosa no se termina aqu\u00ed en este mundo. La cosa sigue y sigue. Indefinidamente. Para siempre. El alma reencarna una y otra vez. No aludo aqu\u00ed a la religi\u00f3n como consuelo o alienaci\u00f3n; a la gente sufrida y humilde que sufre hace generaciones y que encuentra en la religi\u00f3n un consuelo. Me interesa la cara positiva de la\u00a0 religiosidad y espiritualidad del pueblo brasile\u00f1o. En este pa\u00eds, aquellos que se dedican y estudian la inmortalidad con seriedad, sean padres cat\u00f3licos o protestantes, <em>xamanes<\/em> ind\u00edgenas, terapeutas hol\u00edsticos, m\u00e9diums de varias religiones o \u201c<em>pais de santo<\/em>\u201d, pueden argumentar durante horas sobre la existencia otros mundos despu\u00e9s de la muerte; pueden explicar con detalles las etapas que, seg\u00fan ellos, todos tendremos que encarar cuando llegue la muerte y nuestro pasaje a otros universos; cuando seamos obligados a abandonar este mundo.<\/p>\n<blockquote><p><em>\u201cAntunes morreu\u201d.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>La frase segu\u00eda persigui\u00e9ndome. Estaba llegando. El sol part\u00eda el asfalto. Las nubes de poluci\u00f3n se consolidaban. Pens\u00e9 que, despu\u00e9s de la gimnasia, tal vez pudiese nadar y tomar sol, beneficios del clima tropical de Sao Paulo. Qu\u00e9 lugar impresionante y bendecido por la naturaleza deb\u00eda haber sido esta ciudad hace cincuenta a\u00f1os, rodeada por dos r\u00edos grades, llena de colinas, de agua y arboles, con una floresta hermosa a su alrededor y un clima maravilloso; como se hab\u00edan esforzado los gobiernos y los empresarios para estropearla. Jos\u00e9 Alves Antunes Filho, vulgarmente conocido como Antunes, nacido en la ciudad de Sao Paulo de 1929, director legendario de teatro, hab\u00eda conocido otra urbe, m\u00e1s chica, m\u00e1s humana, m\u00e1s linda, con menos autos.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"wp-block-column\">\n<p>Ahora el viejo maestro estaba muerto. Val\u00eda la pena seguir haciendo teatro?\u00a0 Antunes hizo sus obras fundamentales en los setenta y los ochenta, cuando las \u00fanicas competencias para el teatro eran el cine y la televisi\u00f3n abierta. Vino el video-casette, la televisi\u00f3n por cable, el dvd y el teatro fue resistiendo, pero disminuyendo su convocatoria popular. La llegada del <em>streaming<\/em> fue un golpe muy fuerte, en una ciudad con un tr\u00e1nsito infernal y un transporte p\u00fablico deficiente. Antes del virus Covid-19, el teatro independiente ya pr\u00e1cticamente no vend\u00eda m\u00e1s entradas, salvo los musicales y alguna comedia protagonizada por un actor famoso de la Globo. Las obras eran financiadas por premios o hechas a pulm\u00f3n, sin ganar nada; las entradas vendidas eran simb\u00f3licas. Antunes disfrutaba hac\u00eda d\u00e9cadas del financiamiento p\u00fablico de la red SESC de teatros. Una posici\u00f3n privilegiada y merecida.<\/p>\n<p>Sal\u00ed del Uber. Entr\u00e9 al club, consult\u00e9 el celular y vi un mensaje en Instagram, de una escen\u00f3grafa amiga: me informaba que el velorio era en el cl\u00e1sico teatro del Sesc Consola\u00e7\u00e3o,\u00a0 donde Antunes ten\u00eda la escuela <em>Centro de Pesquisas Teatrais<\/em> (CPT) y su grupo de teatro. All\u00ed daba clases y ensayaba diez, doce horas por d\u00eda. En la sala de ensayos, Antunes comenzaba su rutina andando una hora en c\u00edrculos, con sus inefables championes y su figura delgada, fibrosa; el pelo corto fue mutando con los a\u00f1os de casta\u00f1o claro para gris y blanco. El teatro del Sesc Consola\u00e7\u00e3o era a una cuadra de la antigua universidad de abogac\u00eda de la Universidad de Sao Paulo, en la calle Mar\u00eda Antonia,\u00a0 donde en los a\u00f1os cincuenta varios j\u00f3venes profesores hicieron el\u00a0 \u201cSemin\u00e1rio Marx\u2019, de lectura y estudio de \u201cEl Capital\u201d, entre los cuales el fil\u00f3sofo Jos\u00e9 Arthur Giannotti y\u00a0 el soci\u00f3logo y ex presiente Fernando Henrique Cardoso.\u00a0 En aquella \u00e9poca, la Facultad ten\u00eda\u00a0 mucho menos alumnos y todav\u00eda no se hab\u00eda mudado al campus principal de la universidad, lejos del centro\u00a0 En aquellos a\u00f1os, Sao Paulo era algo m\u00e1s grande que Montevideo, era una ciudad, seg\u00fan mi padre, parecida con Buenos Aires.<\/p>\n<p><em>\u201cO vel\u00f3rio vai at\u00e9 as 15:00\u201d<\/em>, dec\u00eda el mensaje de la escen\u00f3grafa. Yo segu\u00eda dudando si iba o no. No hab\u00eda ido jam\u00e1s a un velorio en un teatro. Pero desde\u00a0 la muerte de\u00a0 mi amigo \u201cel gordo\u201d me hab\u00eda prometido no faltar m\u00e1s a un velorio en que sintiera la necesidad de estar. Cuando, ya realizadas la gimnasia y la sauna, vestido y en la calle, me dirig\u00eda a la estaci\u00f3n de Subte, percib\u00ed que estaba a pocas cuadras del teatro. No s\u00e9 explicar porque nunca me hab\u00eda dado cuenta de algo tan obvio. Influencia del signo Piscis, no lo s\u00e9. D\u00e9jenme adivinar razones estructurales y profundas. Una hip\u00f3tesis es que ese club ingl\u00e9s, fundado en el siglo XIX,\u00a0 persistiendo tozudamente en existir, va\u00a0 contra la falta de memoria de Brasil, contra vivir en un eterno presente. Aquel club, tan ingl\u00e9s, antiguo y decadente, donde se jugaba a unas bochas brit\u00e1nicas, parec\u00eda rioplatense, dir\u00eda Alberto Methol Ferr\u00e9. Una explicaci\u00f3n m\u00e1s racional dir\u00eda que el trazado urbano de la ciudad es tan poco horizontal y vertical que genera una permanente desorientaci\u00f3n espacial y geogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>Mir\u00e9 la avenida y\u00a0 calcul\u00e9 que en 10 minutos estar\u00eda en el teatro. El sol ca\u00eda duro, vertical. Mientras caminaba, record\u00e9 que hasta los cincuenta a\u00f1os,\u00a0 m\u00e1s o menos mi edad, Antunes hab\u00eda sido apenas un buen encenador, un buen artesano especialista en montar textos extranjeros; y que despu\u00e9s hab\u00eda desarrollado ese teatro autoral de formas que emanaban una fuerte brasilidad. Yo me preguntaba si ese ser\u00eda mi camino, si podr\u00eda,\u00a0 eventualmente llegar al nivel del viejo maestro, si eso no era una tarea extremamente dif\u00edcil. Antunes, adem\u00e1s de mucho talento, hab\u00eda tenido mucho poder, derivado claro de un compromiso radical de vida con el teatro. Estaba dispuesto yo a ese compromiso? Ten\u00eda sentido ese compromiso hoy? Era posible?<\/p>\n<p>Caminaba bajo el sol y dol\u00eda la rodilla derecha. Una melancol\u00eda se apoder\u00f3 de m\u00ed, al constatar que iba a homenajear a un muerto. Llegu\u00e9. En la vereda vi rostros tristes y doloridos de conocidos que confirmaron mis expectativas sombr\u00edas; ten\u00eda que entrar, ir hasta el caj\u00f3n, prestar mis homenajes y salir lo antes posible.<\/p>\n<p>Entr\u00e9 en el teatro, grande, hermoso. El caj\u00f3n estaba en el escenario, rodeado de unas cuarenta personas, en su mayor\u00eda actores y actrices formados por Antunes. En la platea, mucha gente de la comunidad teatral, parados, observaban la ceremonia de despedida. Me mantuve a una buena distancia del escenario y\u00a0 del caj\u00f3n. Los actores se pasaban el micr\u00f3fono y contaban historias del viejo maestro: recordaban su temperamento, sus cr\u00edticas demoledoras, su interminable pasi\u00f3n por el teatro y como hasta en sus \u00faltimos d\u00edas, internado en el hospital con un c\u00e1ncer incurable, no hab\u00eda parado de dirigir. Entre risas y an\u00e9cdotas, observ\u00e9 que mayor\u00eda de las personas parec\u00eda contenta de estar all\u00ed. Invoqu\u00e9 mi pasado de periodista y sub\u00ed al escenario. Encontr\u00e9 una amiga actriz, que hab\u00eda estudiado y trabajado a\u00f1os con el director. Nos dimos un abrazo. Encontr\u00e9 otra amiga, actriz y dramaturga, otro abrazo. Los cuentos sobre el viejo maestro se suced\u00edan. Baj\u00e9 del escenario y volv\u00ed a las hileras de la platea. Sent\u00ed energ\u00eda, sent\u00ed vitalidad, en la atm\u00f3sfera. Hab\u00eda, contrariando mis expectativas, emoci\u00f3n y alegr\u00eda en los rostros. Emoci\u00f3n, energ\u00eda de acci\u00f3n, hasta satisfacci\u00f3n. Era un homenaje a alguien que hab\u00eda vivido intensamente y parec\u00eda haber cumplido su misi\u00f3n. Todos los presentes sab\u00edamos que \u00e9ramos testigos de un momento \u00fanico. Era el adi\u00f3s a alguien central para el teatro y la cultura brasile\u00f1a.<\/p>\n<p>La larga ceremonia llegaba a su fin. Subi\u00f3 m\u00e1s gente al escenario. Unas ochenta personas rodearon el caj\u00f3n. Todos levantaron los brazos y, sacudiendo las manos, emitieron sonidos entre el canto y el grito, recordando el estilo de las obras del viejo maestro.<\/p>\n<p>\u201cUHUHUHUHUHUHUHUHUHU\u201d.<\/p>\n<p>El\u00a0 c\u00e1ntico domin\u00f3 el teatro. Vibraron las paredes y el piso. Era imposible no sentir la energ\u00eda y la trepidaci\u00f3n. Mir\u00e9 para atr\u00e1s, imaginando las luces, el humo de hielo seco y la orquesta en vivo que yo, si estuviera dirigiendo la ceremonia, pondr\u00eda a esta escena.<\/p>\n<p>\u201cUHUHUHUHUHUHUHU\u201d.<\/p>\n<p>Brazos y manos apuntaban al cielo. Aquello era un canto f\u00fanebre o era una ceremonia de exorcismo para revivir al muerto?\u00a0 <em>El muerto se va levantar del caj\u00f3n?,<\/em> me pregunt\u00e9. <em>\u201cHay que abrirle la tapa!\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes y los sonidos del adi\u00f3s al director se prolongaban en el tiempo. Pens\u00e9 en los rituales de los indios brasile\u00f1os: en los Ianomami, en los Ashaninkas, en los Awaret\u00e9. Observ\u00e9 los rostros de los presentes. El teatro se hab\u00eda transformado en un universo aparte. Una ola de fraternidad y emoci\u00f3n nos un\u00eda.<\/p>\n<p>El c\u00e1ntico disminuy\u00f3. Alguien pidi\u00f3 un aplauso para el viejo maestro. Todos empezamos a aplaudir. Aplausos, aplausos y m\u00e1s aplausos. El\u00a0 teatro se ven\u00eda abajo, no hay otra forma de decirlo. No hay nada mejor que largo\u00a0 aplauso en un teatro abarrotado.<\/p>\n<p>De repente, mir\u00e9 a la derecha y vi a un actor que hace un par de a\u00f1os hab\u00eda estado grave. Lo vi aplaudir feliz, rebosante de energ\u00eda. Me pregunt\u00e9 porque, en un velorio, yo ve\u00eda esa felicidad. En ese momento, me d\u00ed cuenta que para los brasile\u00f1os no exist\u00eda la muerte de la misma forma que para m\u00ed; que posiblemente, la mayor\u00eda de los presentes\u00a0 cre\u00eda en otras vidas; que la inmortalidad no era para ellos una idea abstracta. Que a\u00fan un brasile\u00f1o de formaci\u00f3n marxista y materialista, cre\u00eda en Dios, ten\u00eda fe, <em>\u201cacreditava\u201d<\/em>. Para la inmensa mayor\u00eda de los presentes en el velorio, aquella ceremonia era apenas un \u201chasta luego\u201d, un adi\u00f3s temporario. En ese momento, me d\u00ed cuenta que los presentes en aquel teatro cre\u00edan que se iban a reencontrar en el futuro con Antunes, en un viaje de ayahuasca, en un ritual, o en el m\u00e1s all\u00e1, o, por qu\u00e9 no, un d\u00eda cualquiera. En aquel momento, quise ser, adem\u00e1s de uruguayo y rioplatense, brasile\u00f1o. No lo era. El aplauso dur\u00f3 una eternidad.<\/p>\n<p>Sal\u00ed del teatro y empec\u00e9 a caminar en direcci\u00f3n al subterr\u00e1neo. Estaba pensando en almorzar en alg\u00fan bar de la zona cuando, de repente, vi a mi derecha, en la otra cuadra,\u00a0 a alguien conocido; era una figura delgada, caminaba de forma el\u00e9ctrica, con jeans y championes, el pelo gris, la nariz aguile\u00f1a y la piel clara. Era Antunes? No pod\u00eda ser. Tan pronto? Esper\u00e9 el sem\u00e1foro ponerse verde para cruzar la calle y correr en direcci\u00f3n al hombre. Cuando llegu\u00e9 cerca, percib\u00ed que se trataba de un tipo de no m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os, que, obvio, no era Antunes. Me estaba volviendo loco. Que cansancio de m\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Respir\u00e9 fondo y fui un caf\u00e9 que estaba a pocos metros. De pi\u00e9, ped\u00ed un expreso en el mostrador. Pens\u00e9 en las tareas del d\u00eda que ten\u00eda que realizar.<\/p>\n<p>Alguien me toc\u00f3 la espalda y me llam\u00f3. Me d\u00ed vuelta para saludar a alg\u00fan conocido, era seguramente alg\u00fan actor que reci\u00e9n deb\u00eda haber salido del velorio.<\/p>\n<p>\u201cE ai, uruguaio. Tudo bem?\u201d, dijo sonriente un hombre flaco, fuerte, de edad incalculable.<\/p>\n<p>Era \u00e9l. Antunes.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Publicado originalmente na <a href=\"https:\/\/extramurosrevista.org\/sobre-la-inmortalidad\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Revista Extramuros<\/a>, em maio de 2019<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Mauro Baptista Vedia. \u201cAntunes morreu.\u201d \u201cComo?\u201d \u201cMorreu. Ontem de madrugada. O vel\u00f3rio ser\u00e1 no teatro\u201d Le\u00ed el mensaje de una amiga, bien temprano, cuando me despert\u00e9 para ir al ba\u00f1o. Me acost\u00e9 para dormir algo m\u00e1s. \u201cTendr\u00eda que ir al velorio\u201d, me dije. Pensaba en la muerte y en Antunes Filho, en sus \u00faltimos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":838,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[103,136],"tags":[137,138,149],"class_list":["post-893","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-colunistas","category-ensayo","tag-colunistas","tag-ensayo","tag-mauro-baptista-vedia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/893","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=893"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/893\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":896,"href":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/893\/revisions\/896"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/838"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=893"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=893"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/alterjor.eca.usp.br\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=893"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}